
Un viaje por la casa destruida de mi amigo Usher, conversaciones a solas con un tal Lucas, juegos de tenis invisible con un fotógrafo que presencio un crimen, aventuras con una pandilla ultraviolenta que deliraba al oír a Beethoven, los remordimientos y la angustia de Raskolnikof mientras me confesaba que había asesinado a una anciana, pero sobretodo el disfrute de la rumba caleña, de un buen rock n’ roll junto a Caicedo mientras veíamos “Rebeldes sin causa” en el cine club de Cali.
Y sin más, así de abrupto como este escrito, la blancura de un hospital, yo en una camilla, mareada, despertándome sin reconocer en la enfermera que tenía al lado a la señorita Cora, la conversación entre susurros de dos Doctores:
- ¿Cómo la encontraste?
- No muy bien, presenta una Cinesífilis agravada por la literatura, pero ya la estamos tratando.
La enfermera que no era Cora, si mal no recuerdo se acerco y me inyectó algo.
Ahora, de nuevo en casa, sin libros, sin cine, trato de arrancar algunos recuerdos de la cinta borrada, y del reguero de tinta que hay en mi cabeza, sean entonces bienvenidos a este Blog, y disfruten de los pocos recuerdos de una cinéfila-literata en “recuperación”.